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El dialecto véneto de Chipilo - 2

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Pronunciación

En el dialecto chipileño se mantienen casi todos los fonemas del véneto italiano, cosa que provoca a veces fenómenos interesantes, como el hecho de que algunos chipileños hablen un español venetizado fonéticamente. Son cuatro los fonemas que existen en véneto y que no encontramos en español: /Þ/, / z / (fricativa alveolar sonora), y las vocales cerradas: /é/ y /ó/. Mientras en español estas vocales son simples alófonos, en véneto son fonemas. Por desgracia, el influjo del español está empezando a ocasionar en algunos hablantes vénetos la incompetencia para distinguirlas: hay algunos que sólo usan las abiertas. Asimismo, los ancianos chipileños distinguen muy bien entre la oclusiva bilabial sonora /b/ y la fricativa labiodental sonora /v/. En el español mexicano esta distinción ya no se hace y parece que por influencia suya las nuevas generaciones de vénetos chipileños no las distinguimos.
También hay que subrayar el hecho de que mientras en el véneto italiano sí encontramos a las semiconsonantes /y/ y /w/ formando sonidos consonánticos, en el véneto chipileño este fenómeno es bastante infrecuente: lo común es encontrar a la africada palatal sonora /j/. Parece ser que esto, más que una influencia del español, es una característica del véneto chipileño.
Lo grave es que ahora parece estar también en riesgo de desaparecer la distinción entre la fricativa alveolar sorda /s/ y la sonora /z/.
Es claro que el influjo del español está afectando el sistema fonético del véneto chipileño.

Diferencias gramaticales entre dialecto chipileño y véneto de Italia

Encontramos varias diferencias gramaticales entre el véneto chipileño y el hablado en Italia. Tal vez uno de los más notorios es que en Chipilo, para formar el presente progresivo, se recurre a la forma: èsser lá che + presente, mientras que en otras variantes de véneto se recurre a: èsser drío + infinitivo.

(Véneto Ch)
Són lá che magne (estoy comiendo)
(Véneto de otras zonas)
Són drío magnar (estoy comiendo)

Pero encontramos otras. A veces el véneto chipileño mantiene formas que no evolucionaron como lo hizo el véneto italiano por influjo de la lengua nacional. Es el caso de algunos auxiliares: mientras en Chipilo se usa el auxiliar aver, en Italia se recurre a èsser.

(Ch)
Me ho lavá (Me he lavado)
(It)
Me són lavá (Me he lavado)

Asimismo, encontramos diferencias en algunos participios:

(Ch)
Te 'l ho metést lá (Te lo puse ahí)
(It)
Te 'l ho mes lá (Te lo puse ahí)

Cabe anotar que las formas usadas en Chipilo son utilizadas también por los más ancianos vénetos de Italia.
Entre otras particularidades, hay que recordar que, al ser oral, el véneto puede presentar diferentes maneras de expresar un mismo concepto. En Chipilo hay a veces dos o más maneras de expresar una misma palabra. Por ejemplo:

Hay quien dice
conicio (conejo) y quienes dicen cunicio
Algunos dicen álbero (árbol) y otros dicen árbero
Algunos dicen conprar (comprar) y otros cronpar
Hay quien dice inrabiarse (enojarse) y otros ingrabiarse

En las conjugaciones de los verbos estas diferencias alcanzan cantidades considerables. Por ejemplo, para el conjuntivo pretérito del verbo èsser en primera persona, tenemos:
se mi fusse / se mi saresse / se mi furse / se mi fursesse (si yo fuera)

Influencia del español

La influencia del español es aplastante para el véneto chipileño. Como ya vimos, esta influencia se extiende desde la fonética hasta el léxico y la morfosintaxis. Hay casos que parecen irreversibles. Como sucede con el condicional "si" (if). En véneto chipileño era se, pero ahora siempre se escucha si (como se dice en español).
Es curioso y dramático el caso del pronombre en primera persona del plural ne (us), en el cual algunos jóvenes chipileños han empezado a recurrir al pronombre en español nos.
I ne ha dit (nos dijeron)
I nos ha dit (nos dijeron)

Los modismos del español de México también han entrado con fuerza en el véneto chipileño. Las groserías del folclor mexicano son frecuentes en véneto también. Más que un problema lingüístico, esto refleja una integración mental a lo mexicano.
También es frecuente encontrar gente que entiende el véneto correcto, pero que al hablar recurre a préstamos del español. A veces incluso hay personas que alternan un término en véneto con uno en español. Esto puede ser signo de la pérdida de la funcionalidad del código lingüístico véneto frente al español en algunas palabras. Un ejemplo que me viene a la memoria es el del verbo "encontrar". En véneto se dice catar y en español encontrar.

Si 'l encuentre, bóna, ma si no 'l cate, fone che?
(Si lo encuentro, qué bueno, pero si no lo encuentro, ¿qué hacemos?)

En un principio los chipileños dialectizaban los términos nuevos y ahora esto ya no ocurre. Por ejemplo, palabras como "huarache", "pulque", "mole", "chile", son típicas de la cultura mexicana y son sustantivos masculinos. En el dialecto chipileño estos términos entraron como sustantivos femeninos. Pero son mínimas las palabras que sufrieron esta modificación. Ahora, más bien, todo préstamo lingüístico del español entra al dialecto sin cambio alguno.
Es más, ante los pocos casos de evolución dialectal, muchos chipileños reaccionan con enojo. Es el caso de "an" y "na" (uno y una). En dialecto casi siempre se usan en singular, mientras que en español se hace un uso frecuente del plural.

"Me da unos cerillos, por favor"
("Dème fuminante, par piazher")

Pero algunos chipileños empezaron a decir:

"Dème ni fuminante, par piazher"

En donde "ni" (o "ne") sería el plural de "an" (y "na"). Estamos ante un caso de adaptación dialectal con respecto a la lengua nacional de un nuevo país. Sin embargo muchos chipileños se extrañan y aun se molestan ante este tipo de usos lingüísticos.
Otro caso interesante es el del sustantivo "apellido" y el del verbo "apellidarse". En véneto no existía este concepto. Incluso en italiano no existe un concepto como el de "cognomarsi". En lugar de preguntar "¿cómo te apellidas?", se preguntaba "¿cómo te llamas?" y eso significaba decir nombre y apellido. Pero dado que en español se hace una distinción lingüística clara entre "llamarse" y "apellidarse", ahora lo más normal es escuchar:

"Te
ciámitu come?"
(¿Cómo te llamas?) (sólo para nombre)
y
"Te apellíditu come?"
(¿cómo te apellidas?) (sólo para apellidos)

Fenómeno similar ocurrió con otras distinciones faltantes en véneto y existentes en español, como en el caso de "nieto" y "sobrino". Como en el italiano "nipote", en véneto "neódo" representaba tanto el concepto de "nieto" como el de "sobrino". Lo que ocurrió fue que se perdió primero la palabra "neódo" que indicaba al sobrino y después también cayó en desuso la que indicaba al nieto. Ahora el chipileño común no sabe cómo se decía "sobrino" y "nieto" en véneto. Ignora que se usaba un mismo término para los dos conceptos. Hoy la mayoría de los chipileños dicen "sobrini" y "nieti".
A veces, sin embargo, las palabras no caen en desuso, sino que se reacomodan y se resemantizan. Es el caso de "dermán" (primo). Hoy todo chipileño dice "primo" en español. Pero dice "primo dermán" (o incluso "prim dermán") para indicar el concepto "primo hermano". Hay un caso curioso. En español "percatarse" se dice "darse cuenta". En véneto se dice nincordarse o èsser nincòrt. Un joven chipileño presentó la fusión darse nincòrt.
La mayoría de los términos que han surgido de préstamos del español eran, hasta hace poco, sustantivos y muchos de ellos neologismos. Es decir, los préstamos se limitaban a aquellas palabras que los vénetos chipileños no sabían en véneto o a aquellos conceptos que no existían cuando todavía vivían en Italia. Se trataba de una españolización puramente funcional. Pero ahora notamos que los préstamos son cada vez más abundantes e innecesarios, ya que muchas veces existe término véneto para expresar lo que se dice en español. Ahora el véneto chipileño muestra préstamos en sustantivos, verbos, nexos y hasta en algún pronombre. Esto, en opinión personal, se debe más a la inconsciencia lingüística que a una decisión de funcionalidad y se corregiría haciendo evidente el error.
El dialecto véneto chipileño tiene, sobre todo, una "personalidad". Es espontáneo: ha nacido espontáneamente, se ha conservado sin ayuda de nadie y parece ser que algunos chipileños piensan que también debe morir espontáneamente. Los chipileños se resisten a la codificación de su propia lengua.
Pero hay también otra corriente de opinión en el sentido de seguir conservando la cultura véneta aunque ya no como modelo arcaizante de vida, sino más bien imprimiéndole una nueva fuerza acorde con los actuales aires sociales para impedir que el dialecto y la cultura chipileña sean vistos sólo como cosa del pasado. Hay que modernizar al véneto chipileño para que los niños y jóvenes de Chipilo sigan viendo en él una forma de identificación de acuerdo a sus expectativas y hay que convivir con la idea de que Chipilo puede y debe seguir siendo una comunidad bilingüe y bicultural. Podemos continuar con el sistema dominante del español en todos los ámbitos de la vida social y también seguir siendo vénetos. No hay razones para abandonar el dialecto ni para oponerse al influjo del español.
Sin embargo, sí hay que prestarle una atención especial al véneto, ya que éste se encuentra en una condición de desprotección frente al español de México. Por ello la aparición de libros en véneto y la perseverancia en otros proyectos en favor del dialecto chipileño nos ocupan desde hace algunos años.
Podemos concluir este artículo con un precioso proverbio véneto que dice:

Fin che i veneti i parle veneto i sará vivi
(Los vénetos vivirán hasta que hablen véneto)

Bibliografía
MacKay, Carolyn J. (1993) Il dialetto vento di Segusino e Chipilo.grafiche Antiga. Cornuda '93.
Sartor, Mario - Ursini, Flavia. (1983) Cent'anni di emigrazione: una comunità veneta sugli altipiani del Messico, Grafiche Antiga, Cornuda, (Treviso).
Zago Bronca, José Agustín. Los cuahtataráme de Chipíloc. Edición de autor. 1998.

Nota: para la ortografía de los ejemplos del véneto chipileño se siguió el modelo propuesto por Ursini, Sartor y MacKay.



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