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El dialecto véneto de Chipilo - 1

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Origen e Historia

El dialecto véneto de Chipilo - población ubicada aproximadamente a doce kilómetros de la capital de Puebla - cumple 120 años de existencia en el año 2002. Fue en l882 cuando el presidente Porfirio Díaz mandó traer un grupo de más de 500 vénetos a México. La intención era colonizar con europeos y mejorar así las condiciones de trabajo de los indígenas mexicanos. Los motivos de la emigración de los fundadores de Chipilo son varios: la situación precaria del campo italiano en esos años, los desbordamientos del Piave, el espíritu de aventura fomentado por los discursos de los enviados mexicanos y, en fin, la situación particular de cada emigrante, sus decisiones personales.
Los emigrados provenían del véneto; varios de ellos de un pueblo llamado Segusino; los demás eran originarios de lugares aledaños como Feltre, Belluno, Valdobbiadene, Maser, Quero, Vas.
La tenacidad laboral es característica de los vénetos y Chipilo no fue la excepción. A pesar de que al inicio las condiciones agrícolas fueron duras, los chipileños supieron vencer esa dificultad valiéndose del trabajo y de una perseverancia siempre constante en cuanto a la identidad.
Son frecuentes todavía los siguientes apellidos: Galeazzi, Zago, Merlo, Berra, Colombo, Stefanoni, Minutti, Montagner, Zanella, Barbizan, Crivelli, Precoma, Bagatella, Vanzzini, Piloni, Mazzocco, Bronca, Martini, Bortolotti, Orlanzino, Mioni, Bortolini, Spezzia, Dossetti, Sevenello, Lavazzi, Simoni, Zecchinelli, entre otros. Son ya menos frecuentes apellidos como : Romani, Tripiedi, Agostineto, Melo, Fascinetto. Naturalmente hay otros que ya se han perdido, como Zavarisse, Capaciolli, Zalot.

Vida social

La vida en Chipilo se mantiene tranquila a pesar del constante contacto con gente ajena a la comunidad. En cuanto a lo laboral, Chipilo fue por mucho tiempo un pueblo agropecuario casi en su totalidad. Ahora, sin embargo, esta ocupación ha decrecido, aunque todavía un buen número de chipileños continúan con sus establos y otros más desean volver a dedicarse a la ganadería. El trabajo en la industria de los muebles rústicos resultó en un principio convincente, pero en los últimos tiempos ha mostrado frecuentes crisis.
La mayoría de los habitantes de Chipilo son vénetos puros. Luego siguen en cantidad los mestizos. Los habitantes que no tienen apellidos vénetos son pocos todavía, aunque desde hace años han aumentado notoriamente.
Por las calles de Chipilo es normal encontrar gente hablando véneto. En familia, más aún.
Las diferencias culturales se hacen evidentes al escuchar las opiniones de los habitantes de zonas aledañas a Chipilo. El contraste entre la mentalidad festiva mexicana y el carácter un tanto frío de los chipileños queda de manifiesto en comentarios como éste: los chipileños sólo saben trabajar. No hacen fiestas, son aburridos. Nosotros los mexicanos somos de sangre caliente y ellos gritan mucho, pero no hacen nada porque son de sangre fría.

La situación de la lengua

La variante lingüística a la que este dialecto pertenece es el véneto septentrional, conocido también como feltrino-belunés, por abarcar zonas intermedias de Feltre y Belluno. A veces se le llama también variante bajo belunés.
Cuando los emigrantes vénetos llegaron a Chipilo, en 1882, los pueblos indígenas mexicanos de los alrededores hablaban sus propias lenguas indígenas. Esto trajo como consecuencia una mayor dificultad de comunicación para los vénetos, pero pronto esos pueblos fueron perdiendo sus lenguas y entonces los chipileños empezaron a aprender español, pero sin perder su véneto. Sólo mediante el uso del español pudieron los chipileños comunicarse con los alrededores.
A muchos les sorprende que aún se conserve el véneto en esta comunidad. Algunos explican que esto se debe a que el grupo de emigrantes vénetos llegado a Chipilo constituía una homogeneidad lingüística que favoreció la conservación. Otros hablan de que las condiciones geográficas en las que se encuentra Chipilo ayudaron a esta conservación porque mantuvo aislados a los chipileños de influencias externas peligrosas lingüísticamente. Otros incluso llegan a decir que Chipilo ha conservado su lengua por vanidad. En opinión de algunos chipileños, sin embargo, es el orgullo por las raíces lo que ha logrado esta preservación. Pero no hay que olvidar que una lengua unifica a una comunidad y que, entre otras muchas cosas, un código lingüístico puede servir incluso como mecanismo de defensa ante lo extraño: esto último jugó un papel importante en el impulso conservador lingüístico de los chipileños.
Si revisamos las condiciones sociolingüísticas del dialecto chipileño, podemos comprender que éste enfrenta muchos riesgos. Si tomamos en cuenta al dialecto como mecanismo de defensa, hoy en día las razones para defenderse de lo extraño han decrecido: hoy los chipileños somos mexicanos bilingües y biculturales, pero no tenemos ya muchos motivos para defendernos de quienes nos rodean. Más bien, hay incluso una marcada tendencia hacia la integración sobre todo en los jóvenes chipileños.
Por otro lado, la población chipileña difícilmente llega a las cincomil personas. Esto provoca en algunos la admiración de que en México esa cantidad de gente sea bilingüe; pero en otros provoca indiferencia, pues les parece un número poco considerable de hablantes y entonces se piensa que no es necesario preservar ese bilingüismo y más bien abogan por la pérdida del dialecto. En cuanto a la imagen que tienen los forasteros del dialecto, podemos también presentar dos tipos de opinión: unos se interesan por este fenómeno lingüístico y aun lo alientan; otros creen que lo que se habla en Chipilo es italiano y, cuando se enteran de que es un dialecto hablado en Italia, se decepcionan y a veces hasta optan por el escarnio.
Sea como sea, lo importante en cuanto a la conservación del véneto reside en lo que piensan sus propios hablantes. Y esto a veces no es tan favorecedor. Dado que desde la llegada de los vénetos a Chipilo el dialecto no ha sido escolarizado, los chipileños opinan que su dialecto no tiene escritura, que no la merece, y dicen que el dialecto hay que escribirlo como mejor se entienda. En las escuelas chipileñas siempre se ha prohibido hablar el véneto y ha habido maestras que incluso han regañado a los niños por hablarlo. Les han dicho que lo mejor es "que se lo quiten".
Sin embargo, los papás han opinado lo contrario: "si lo hemos conservado hasta ahora, sigamos conservándolo. Es lo único que tenemos, lo único que somos".

Por muchos años se mantuvo en Chipilo una unidad no sólo lingüística, sino cultural y racial. Pero esto ha venido cambiando y ha ocurrido un deterioro en lo lingüístico. A mayor número de personas sin cultura véneta, menor cantidad de cultura véneta. En los últimos años Chipilo ha dejado de ser un pueblo agropecuario para convertirse en un lugar industrial. Los trabajadores externos que entran a Chipilo cada día, lo hacen en cantidades enormes. Y es muy raro que un forastero aprenda las costumbres vénetas. Más bien ocurre lo contrario: el forastero obliga al chipileño - en su propio suelo - a abandonar sus costumbres, dialecto y raza.


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